viernes, 1 de mayo de 2009

Primero de Mayo, 1 de mayo


origen y significación

Primero de Mayo

* LA LUCHA DE CLASES SE SOBREPONE A LA LUCHA POLÍTICA

Manuel López de la Parra


Desde que se tiene uso de razón,
a muchas de las generaciones de
las más recientes décadas se les
informa de la trascendencia del 1º
de Mayo, como fecha significativa
porque señala el rumbo que habría
de seguir la clase trabajadora,
porque, se afirmaba, marca el hito
de muchas de las reivindicaciones
de la sociedad laborante mundial.
Y a mayor abundamiento, se
les informaba de soslayo que el 1º
de Mayo es una fecha dedicada
mundialmente a conmemorar a
los mártires de Chicago, un puñado
de obreros que solamente con
la fuerza de la palabra, de sus propios
argumentos y de una posible
convicción, osaron enfrentarse a
los intereses todopoderosos de
una burguesía orgullosa y prepotente,
que en los años ochenta del
siglo XIX detentaba a carta cabal
el poder económico y también político
de un país, Estados Unidos,
en que los derechos humanos no
se respetaban, y que marchaba a
grandes pasos para convertirse
prontamente en la auténtica ciudadela
del imperialismo económico,
en la República Imperial, como
se le conoce hoy día.
Tiempos difíciles, ciertamente,
para la clase trabajadora, no sólo
de ese país, sino de muchos otros,
pues desde principios del siglo
XIX venían luchando tenazmente
por lograr un trato humano respecto
a su condición social, reivindicaciones
que se simplificaban
en algo así como en un
común denominador que se tradujera,
ante todo, en la reducción
y reglamentación de la jornada de
trabajo a ocho horas y la semana
laboral ajustada a cinco días, con
un total de 40 horas efectivas de
trabajo; justa reclamación si se
toma en cuenta que las jornadas
eran prácticamente exhaustivas,
de sol a sol, y los obreros carecían
totalmente de cualquier tipo de
presentación social, y es más, por
igual se explotaba a mujeres, niños
y ancianos; todos ellos devengando
salarios paupérrimos, de
hambre, en condiciones insalubres,
peligrosas, miserables.
En Europa, como sabemos, se
iniciaron las luchas de los trabajadores
para obtener mejores condiciones
de trabajo; casi en forma
paralela estos movimientos también
se llevaron a cabo en Estados
Unidos, donde después de
la Guerra Civil se impulsaba la
industrialización generalizada de
importantes sectores de su economía,
especialmente en los estados
norteños.
Pero de manera también paralela
al movimiento obrero intencional,
van surgiendo a lo largo
del siglo XIX corrientes ideológicas
del pensamiento político y
económico que tendían a encontrar
soluciones adecuadas a un fenómeno
nuevo, originado por el
surgimiento y desarrollo de la revolución
industrial inglesa, y difundido
a otros países, como es el
caso de Estados Unidos. Ante
esta nueva problemática, reflejada
por la configuración de la clase
* Profesor titular de la Facultad de Economía
de la UNAM y de la Universidad del Valle
de México, Campus San Rafael.
MANUEL LÓPEZ DE LA PARRA*
ORIGEN Y SIGNIFICACIÓN
Primero Primero de Mayo
…los mártires de
Chicago, un puñado de
obreros que solamente
con la fuerza de la
palabra, de sus propios
argumentos y de una
posible convicción,
osaron enfrentarse a
los intereses
todopoderosos de una
burguesía orgullosa y
prepotente…
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obrera, del proletariado obrero, y
del “Ejército Industrial de Reserva”
(como le llamaría el marxismo),
decíamos, surgen posibles
propuestas para recomendar soluciones
consideradas como adecuadas,
o sea, el amplio y diversificado
menú que ofrecen los
llamados socialistas utópicos o
asociacionistas, que desde un
punto de vista cabalmente objetivo
ofrecen, repetíamos, soluciones
viables a un fenómeno nuevo
para esa época, el desempleo, el
surgimiento de una clase obrera,
la reglamentación de sus condiciones
de trabajo; el salario, la escala
móvil de salarios, la ley de
bronce; las prestaciones que deberán
otorgarse, el derecho de huelga,
y tantas cuestiones más que
aun en la actualidad no se han resuelto
de manera satisfactoria.
Así las cosas, en la Europa de
mediados del siglo XIX, siglo jalonado
por otras tantas revoluciones
sociales, se presenta un suceso
muy significativo, y todo esto será
en el curso de 1848, un gran movimiento
social y político que extendería
su acción en gran parte
de Europa; fecha también en que
aparece la primera edición del
Manifiesto del Partido Comunista
en donde Marx y Engels, en tan
sólo 23 páginas, de manera objetiva
muestran cuál era en ese momento
la situación, tanto del propio
sistema económico vigente
como la de la clase trabajadora,
señalando, asimismo, la manera
en que se debería enfrentar las
condiciones adversas para los
obreros y lograr el reconocimiento
a su esfuerzo mediante la obtención
de mejores condiciones laborales.
Vendría más tarde la Comuna
de Paris, durante los años
setenta del propio siglo XIX, apertura
cabal al movimiento obrero
organizado.
Lo que sin duda se puede desprender
del análisis del capitalismo
hecho en el Manifiesto, en especial
cuando Marx y Engels lo
amplían sobre la concentración
económica, que apenas está insinuada
en 1848, es una conclusión
más general y menos específica
acerca de las fuerzas autodestructivas
que se generan en el desarrollo
capitalista. Pero cuando
tienen lugar los acontecimientos
de 1886 en Chicago, ya estas fuerzas
estaban desarrolladas, de tal
modo que la lucha de clase se libraba
de manera más enérgica,
alimentada asimismo por las corrientes
ideológicas más radicales
del anarquismo de la época.
En efecto, fueron los radicales
anarquistas de los grupos políticos
de Estados Unidos, los que con
mayor empeño llevaron a cabo la
lucha por las reivindicaciones sociales
de los trabajadores; en primer
término, como se sabe, estaba
la cuestión de una jornada laboral
específicamente humana. Por lo
que para esas fechas, en el entorno
de las luchas obreras en Europa
y Estados Unidos, se habían
sistematizado debido a la influencia
de la o las Internacionales
socialistas, cuyo objetivo era precisamente
cohesionar a nivel
mundial la lucha de los obreros
frente a los excesos de una explotación
inocua, desgastante, irreversible.
Asimismo, las corrientes nihilistas,
socialistas, y en especial,
anarquistas se habían extendido
sustancialmente en todos esos lugares;
pero en el caso de los acontecimientos
del 1º de Mayo de
1886 en Chicago, hubo fuerte influencia
de los grupos anarquistas.
Así las cosas, los miembros de
esas asociaciones se dividían en
grupos, encargados unos de la
propaganda revolucionaria, otros
de la fabricación de bombas, y
otros de preparar en el manejo de
las armas a los afiliados. Se trataba,
por tanto, de una lucha abierta
y desesperada. Son asimismo
los tiempos en que para alentar la
causa obrera, se entonaban los
Grabado que representa la Plaza Haymarket en los momentos en que es detonada una bomba
que desencadenaría la represión policiaca contra los trabajadores de Chicago en 1886.
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llamados himnos libertarios, como
“La Internacional”, vibrante,
brioso, impactante; “La Marsellesa”;
así como “El Hijo del Pueblo”,
entre otros más.
Los hechos, sólo los hechos
quedaron en pie. Siete u ocho policías
muertos en la trifulca; otros
60 habrían sido heridos; los acusados
habían empleado duras palabras
contra el orden de cosas
en vigor, contra la irritante distribución
del trabajo y de la riqueza,
contra las leyes, consideradas parciales
y obtusas, y sus mantenedores;
contra la tiranía del Estado y
el privilegio de la propiedad; y era
necesario tomar vida por vida y
ahogar en sangre la naciente idea
anarquista. Los ocho procesados
fueron sentenciados. El 20 de
agosto se hizo público el veredicto
del jurado: los inculpados Augusto
Spies, Miguel Schawb, Samuel
Bielden, Alberto R. Parsons,
Adolfo Fisher, George Engel y
Luis Lingg fueron condenados a
muerte; Óscar W. Neebe, a prisión
por 15 años. Ocho hombres
condenados por ser anarquistas,
siete de ellos a muerte en la libre
y ejemplar democracia de la República
Federal de los Estados
Unidos. Fue una prueba evidente
e irrefutable de que la lucha de
clases se sobrepone a la lucha
política.
El resultado fue que, como
contrarréplica a esos crímenes de
lesa humanidad, por acuerdo expreso
del proletariado universal,
el 1º de Mayo de cada año debería
ser el día señalado para enaltecer
la figura de los mártires de Chicago,
que con valor ejemplar fueron
al patíbulo conducidos por el imperialismo
yanqui el 11 de noviembre
de 1887. Sin embargo, al
respecto hubo una mistificación,
pues se ha tratado de hacer creer
que el 1º de Mayo es más bien la
“fiesta del trabajo”, olvidando el
esfuerzo de ese grupo de líderes
anarquistas cuyo objetivo era muy
otro, lograr reivindicaciones efectivas
a la clases trabajadoras por
igual.
El 1º de Mayo se conmemora
por primera vez en México en
1913; pero esta primera remembranza
se lleva a cabo en condiciones
desfavorables y críticas, ya
que el país pasaba por un trance
difícil, la usurpación de Huerta;
no obstante y a pesar de que las
condiciones eran más bien negativas,
la Casa del Obrero Mundial,
de tendencias anarquistas, cumpliendo
el acuerdo de la Segunda
Internacional, con un concepto
aún no muy claro ni definido de la
significación y contenido social de
la heroica jornada de Chicago, organiza
este evento. Por la mañana
se realizó un desfile por las calles
céntricas de la ciudad de México,
y por la noche una solemne velada.
La respuesta no se hizo esperar:
Huerta clausura la Casa del
Obrero Mundial el 14 de Mayo de
ese mismo año.
La prensa de la época detalla
la manifestación pública y señala la
presencia de numerosos contingentes
obreros y otras tantas agrupaciones
de trabajadores, pero éstos
serán objeto de sanciones por
parte de los dueños o empresarios
de las fábricas y talleres que se
oponían, obviamente, a esta clase
de actos públicos que prácticamente
estaban fuera de la ley. No
obstante esas trabas, este primer
acto conmemorativo del 1º de
Mayo sentó un precedente gracias
a la comisión organizadora, entre
los que figuraban Eloy Armenta,
Santiago J. Sierra, Heriberto
Jara, Hilario Carrillo, Jacinto Huitrón,
Epigmenio Ortega, Pioquinto
Roldán, Luis Méndez, Severiano
Serna y Salvador Álvarez.
Vendrán otros tiempos, los de
los gobiernos posrevolucionarios,
y esta conmemoración de gran
raigambre histórica, será solemnemente
impetuosa. Fue en este
caso, durante el gobierno del general
Cárdenas, cuando los desfiles
del 1º de Mayo alcanzaron su
grado máximo de majestuosidad y
trascendencia.
Ahora bien, en estos tiempos
de la modernidad y de la posmodernidad,
nos preguntamos, ¿cómo
se considera la importancia
del desfile obrero del 1º de Mayo?
Prácticamente ha pasado a un
segundo plano, ya que el trabajo,
uno de los principales factores
de la producción, ha sido notoriamente
denigrado; el factor
trabajo, considerado actualmente
como capital humano, es susceptible
de desgastarse y, después,
desecharse como si fuera cualquier
otro insumo.
Son muchos los motivos políticos
y económicos que inciden
para llegar a esta situación, grave
y crítica, por supuesto, de tal
modo que es actualmente no sólo
un problema entre tantos otros
que se suscitan en un régimen
económico como el vigente, sino
que constituye un reto formidable
que de no resolverse pronto y
adecuadamente, por sí mismo podría
provocar profundo caos, de
tendencias prácticamente irreversibles.
Al respecto, recordamos un
pasaje interesante del libro-reportaje
de la periodista francesa Viviane
Forrestier, El horror económico
(FCE), en donde puntualiza
que en el pasado del régimen capitalista,
los obreros de esa época
clamaban y luchaban en contra
de la explotación; ahora, agrega,
claman y luchan porque los sigan
explotando, pero que no les quiten
el trabajo…
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