
"Ahí tienen la siguiente entrega de la gran novela campirana, su telenovela estelar
Jorge Sarquís
Fue directo a la oficina de las secretarias; ya estaban las dos ahí; -buenas tardes chicas -saludo jovial- alguna de ustedes conoce a los hijos de Juvenal?, -preguntó; ellas se miraron.
–Yo sí ingeniero, afirmó doña Luz.
–Hábleme de ellos -le pidió sentándose de espaldas a la ventana, sobre un largo archivero metálico.
–Pues la mayor es la hija, ya termina la prepa técnica este año.
– ¿Y qué que quiere estudiar?
-Creo quiere entrar a enfermería ingeniero.
-¿Y el hermano?
-Él nació con parálisis cerebral inge -intervino Cristina- tiene unos once años.
-Sí, eso me comentó su abuelo. ¿Qué me dice de Gudelia?
-Ella fue la del problema con Juvenal, ¿verdad? -se adelantó doña Luz.
-Veo que ya se enteraron.
-¡Ay ingeniero!, aquí todo se sabe muy pronto, en la estación no se habla de otra cosa.
-Ya todos saben que gracias a usted salió Juvenal de la cárcel porque habló con el profesor Grajales -completó Cristina sonriendo.
-¿Qué le pidió a cambio ingeniero?, Ah, porque ese señor no da paso sin guarache; aquí todos lo conocen.
-¡Ah que doña Luz!
-No me diga que lo hizo de buena gente?,-preguntó con suspicacia ella- si no le ve ventaja no mueve un dedo por nadie -agregó burlona.
-Bueno, creo que en este caso está pensando en algo bueno -defendió Mariano.
-¡Bueno para él, seguramente! -intervino nuevamente Cristina.
-Contra dos no puedo -se rindió sonriendo él. Caminó a la puerta y abriéndola volteó a decirles: -tenemos que conseguirle una beca a la chica y atención especial al niño. Estoy abierto a escuchar sus sugerencias. Doña Luz ofreció: -yo tengo una comadre que es trabajadora social en el centro de educación especial para discapacitados del DIF en Yautepec. Cristina por su parte sugirió, -ingeniero, y ¿por qué no le pide la beca para la chica a su amigo el alcalde?, él puede becarla -afirmó.
-Esas son muy buenas ideas, páseme la llamada con el profe por favor Cristi -pidió y cerró la puerta por fuera.
Ya en su oficina no tardó en sonar el teléfono.
-¿Bueno?, profesor, buenas tardes, Mariano Álvarez aquí.
–¡Oiga!, escuchó al otro extremo de la línea una voz que reconoció al instante -¡yo no tengo las piernas chuecas!
–¡Clarita, discúlpeme!, -esperaba que fuera el profesor, explicó.
–Claro y yo estoy pintada, ¿verdad? -reclamó Clara.
-No, no, no, se equivoca… -quiso explicar Mariano en vano,
-descuide, ahí se lo dejo.
-¡Clarita!…quiso insistir en su explicación él.
–Ingeniero buenas tardes, dígame en qué puedo servirle?, lo saludó Grajales.
–Profesor, buenas tardes, nomás para informarle: invité a don Juvenal a charlar un rato aquí en mi oficina.
–¿Cómo le fue?
–Uno a cero a favor de él, me temo.
–Es un hueso duro de roer -le confirmó el alcalde- pero usted no se preocupe lo tenemos a varios fuegos, no estamos solos en esto Mariano.
-Oiga profesor, ¿qué chance de que el municipio nos ayude con una beca para la hija de Juvenal?
–¿Beca?, preguntó Grajales, ¿para qué, qué quiere estudiar?
–Enfermería, contestó Mariano.
-mmhh -se dejó escuchar refunfuñando el alcalde- no sé ingeniero, necesito pensar, deje checo cómo hacerle; usted maneje la oferta cuando llegue el momento.
-Gracias Profesor, oiga, una cosa más, ¿cuándo piensa hablar con Gudelia?
–Ya lo hice; está citada para mañana.
–Hombre qué bien, ¿cómo lo logró?
–Le dije que Juvenal ya aceptó encargarse de los gastos médicos de la niña y aparte la va a indemnizar por el susto. Pero aún no se desiste de la demanda. Sí le puede adelantar a él su aguinaldo, ¿verdad?
–Descuide Profesor, si no del aguinaldo, yo respondo a ver cómo.
–De acuerdo ingeniero, mañana le informo cuánto avanzamos por ese frente.
–Correcto mi alcalde, estamos en contacto.
–Oye inge -cambió Grajales a un tono menos formal- y ya no me hagas enojar tanto a Clara, ¡se desquita conmigo, hombre!, ya invítala a echarse una copa y hagan las paces, ¿no crees?. Mariano soltó la carcajada,
-Profe, soy inocente ¡se lo aseguro!.
-Pero si es que ese es el problema contigo mano, te pasas de honesto y decente, ya pórtate tantito mal, aquí todos lo van a entender, nadie lo va a ver mal Álvarez, yo sé lo que te digo, ándale, cuídate, nos vemos.
–Ah que Profe., contestó Mariano, pero ya Grajales había colgado.
Jorge Sarquís
Un asunto familiar
IX
Fue directo a la oficina de las secretarias; ya estaban las dos ahí; -buenas tardes chicas -saludo jovial- alguna de ustedes conoce a los hijos de Juvenal?, -preguntó; ellas se miraron.
–Yo sí ingeniero, afirmó doña Luz.
–Hábleme de ellos -le pidió sentándose de espaldas a la ventana, sobre un largo archivero metálico.
–Pues la mayor es la hija, ya termina la prepa técnica este año.
– ¿Y qué que quiere estudiar?
-Creo quiere entrar a enfermería ingeniero.
-¿Y el hermano?
-Él nació con parálisis cerebral inge -intervino Cristina- tiene unos once años.
-Sí, eso me comentó su abuelo. ¿Qué me dice de Gudelia?
-Ella fue la del problema con Juvenal, ¿verdad? -se adelantó doña Luz.
-Veo que ya se enteraron.
-¡Ay ingeniero!, aquí todo se sabe muy pronto, en la estación no se habla de otra cosa.
-Ya todos saben que gracias a usted salió Juvenal de la cárcel porque habló con el profesor Grajales -completó Cristina sonriendo.
-¿Qué le pidió a cambio ingeniero?, Ah, porque ese señor no da paso sin guarache; aquí todos lo conocen.
-¡Ah que doña Luz!
-No me diga que lo hizo de buena gente?,-preguntó con suspicacia ella- si no le ve ventaja no mueve un dedo por nadie -agregó burlona.
-Bueno, creo que en este caso está pensando en algo bueno -defendió Mariano.
-¡Bueno para él, seguramente! -intervino nuevamente Cristina.
-Contra dos no puedo -se rindió sonriendo él. Caminó a la puerta y abriéndola volteó a decirles: -tenemos que conseguirle una beca a la chica y atención especial al niño. Estoy abierto a escuchar sus sugerencias. Doña Luz ofreció: -yo tengo una comadre que es trabajadora social en el centro de educación especial para discapacitados del DIF en Yautepec. Cristina por su parte sugirió, -ingeniero, y ¿por qué no le pide la beca para la chica a su amigo el alcalde?, él puede becarla -afirmó.
-Esas son muy buenas ideas, páseme la llamada con el profe por favor Cristi -pidió y cerró la puerta por fuera.
Ya en su oficina no tardó en sonar el teléfono.
-¿Bueno?, profesor, buenas tardes, Mariano Álvarez aquí.
–¡Oiga!, escuchó al otro extremo de la línea una voz que reconoció al instante -¡yo no tengo las piernas chuecas!
–¡Clarita, discúlpeme!, -esperaba que fuera el profesor, explicó.
–Claro y yo estoy pintada, ¿verdad? -reclamó Clara.
-No, no, no, se equivoca… -quiso explicar Mariano en vano,
-descuide, ahí se lo dejo.
-¡Clarita!…quiso insistir en su explicación él.
–Ingeniero buenas tardes, dígame en qué puedo servirle?, lo saludó Grajales.
–Profesor, buenas tardes, nomás para informarle: invité a don Juvenal a charlar un rato aquí en mi oficina.
–¿Cómo le fue?
–Uno a cero a favor de él, me temo.
–Es un hueso duro de roer -le confirmó el alcalde- pero usted no se preocupe lo tenemos a varios fuegos, no estamos solos en esto Mariano.
-Oiga profesor, ¿qué chance de que el municipio nos ayude con una beca para la hija de Juvenal?
–¿Beca?, preguntó Grajales, ¿para qué, qué quiere estudiar?
–Enfermería, contestó Mariano.
-mmhh -se dejó escuchar refunfuñando el alcalde- no sé ingeniero, necesito pensar, deje checo cómo hacerle; usted maneje la oferta cuando llegue el momento.
-Gracias Profesor, oiga, una cosa más, ¿cuándo piensa hablar con Gudelia?
–Ya lo hice; está citada para mañana.
–Hombre qué bien, ¿cómo lo logró?
–Le dije que Juvenal ya aceptó encargarse de los gastos médicos de la niña y aparte la va a indemnizar por el susto. Pero aún no se desiste de la demanda. Sí le puede adelantar a él su aguinaldo, ¿verdad?
–Descuide Profesor, si no del aguinaldo, yo respondo a ver cómo.
–De acuerdo ingeniero, mañana le informo cuánto avanzamos por ese frente.
–Correcto mi alcalde, estamos en contacto.
–Oye inge -cambió Grajales a un tono menos formal- y ya no me hagas enojar tanto a Clara, ¡se desquita conmigo, hombre!, ya invítala a echarse una copa y hagan las paces, ¿no crees?. Mariano soltó la carcajada,
-Profe, soy inocente ¡se lo aseguro!.
-Pero si es que ese es el problema contigo mano, te pasas de honesto y decente, ya pórtate tantito mal, aquí todos lo van a entender, nadie lo va a ver mal Álvarez, yo sé lo que te digo, ándale, cuídate, nos vemos.
–Ah que Profe., contestó Mariano, pero ya Grajales había colgado.

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